martes, 24 de junio de 2014

De entre todas mis rarezas he de admitir que últimamente he desarrollado una nueva y más preocupante, si cabe.

Hace unos meses se cruzó en mi camino una araña tremenda.
Lejos de aplastarla, pequé una ramita en un tarro de cristal y la metí dentro.
No se por qué, nunca me han entusiasmado las formas de vida con exoesqueleto más allá del repelús.
-La dejé olvidada en una estantería-
Días después tuve uno de esos momentos "me encierro en una habitación a darme golpes en la cabeza, a ver si consigo quedarme inconsciente antes de matar a nadie..." You Know.
El caso es que estaba eligiendo la herramienta de mutilación más apropiada cuando me volví a encontrar con la amiga araña. Y es como que en esos momentos la creatividad se dispara, como cuando te metes verbalmente contigo mismo, que no puedes parar, que antes de digerir el anterior  insulto ya se te está atragantando el siguiente, y se te empieza a colgar el cerebro.

 Tenía ganas de meter la mano dentro del tarro y ver como me comía a picotazos,
 me imaginaba la mano tan hinchada que era incapaz de sacarla, y a la pobre araña correteando entre mis dedos, buscando la salida desesperada, mordiendo aquí y allá...

Pensaba en Cleopatra, en su precioso cadáver elegantemente tendido sobre el suelo blanco, enredado con aquella serpiente, retorciéndose despacio. Una imagen muy poética. 
Luego imaginé el mío, en aquella habitación oscura, con miles de arañas correteando por mi cadáver, entrando y saliendo de mis muertos orificios, dejando seda por todas partes, y yo ahí despatarrada y despeinada, hinchada y deformada por las picaduras.
La abismal diferencia me hizo reír de mi pateticismo y de mis necróticas aspiraciones.

Aquel episodio acabó,
 pasó como debía pasar, 
tampoco hace falta dar detalles morbosos (LOL).

Al día siguiente volvió a salir el sol, como todos los putos días, y seguimos a la espera de la exterminación planetaria, pura rutina.

Empecé a cazar moscas, y se las dí de comer. 
Incluso metí otras arañas por el puro placer de saber que sólo sobreviviría una.
Ver lo que ese puto bicho le hace a otros bichos me da envidia.
La naturaleza le ha otorgado un poder que yo nunca tendré.
El jodido Universo le ha regalado una satisfacción que yo, en mi puta vida, experimentaré.

Veo la agónica cara de cada ser humano despreciable que se ha cruzado en mi vida en cada mosca que esa araña devora viva.
 La he llamado Revenge, y ya ha puesto tres ooteras.
Hasta me he comprado una lupa.

Con esta vomitona verbal habré espantado a todo ser humano consciente, pero a los que hayáis llegado hasta aquí, os confieso que me he tenido que resignar al hecho de que he perdido mi correo y con él mis contactos, por lo que, próximamente, dejaré una dirección de email para quien quiera llamarme psicópata o cualquier otra cosa ingeniosa de manera privada.

Saludos y buenas noches, habitantes de un mundo que se está pudriendo.

3 comentarios:

  1. Tía, ¿cómo que repelús? Las arañas molan mil. Los arácnidos e insectos en general molan mil. A mí me encantan las libélulas, cuando se aparean lo hacen a lo bestia y el macho le rompe las alas a la hembra. Y las míticas mantis, que las hembras se comen a los machos y ellos siguen al tema... Tía, las arañas molan mil.

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  2. Debo ser una de esas criaturas de corazon negro muy negro que tambien quiere revenge porque el microrrelato me ha encantado.

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escupe.