jueves, 25 de julio de 2013


¿Recuerdas...
cuando el trabajo era ganar
una desvaneciente promesa en la luz del amanecer
enterrados, casi sepultados... bajo éste cielo decadente? 

El fin de los días son la razón para morir.
  La obliteración nunca lució tan divina... 
-Manteniendo tu respiración
para cuando llegue el momento-

has vivido atravesando el infierno.
Ahora sólo intentas morir.

La piel está sanando pero sigues sangrando por dentro.
Los disparos ya sólo calman el dolor.
No hay nadie a quien salvar.
-Estoy ciega en el camino iluminado-

Un fantasma ambulante en la consecuencia,
hipnotizada por el zumbido de años tachados.
La cadencia rota de los tambores distantes,
21 a 1 y sigo gustando de las posibilidades.

 Como la sangre de un drogadicto con un pararrayos;
 un sucio equipo con una inclinación celestial. 
Y pronto terminarás en ninguna parte.
  La desolación nunca lució tan mortal.

Tú...
te prometiste a tí misma la última vez.
Recuerda eso.



2 comentarios:

  1. Los placeres dejan de serlo cuando "crecemos", eso es algo de lo más común, lamentablemente. La desesperación depende en gran medida de lo rápido en que desaparezcan.

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escupe.