A veces pienso que, a grandes rasgos,
es como si hubiera fallado en todo en la vida.
Y en realidad no me falta razón.
Por no tener, no tengo ni salud.
Pero luego me fumo algo fuerte y me digo:
Tranquila.
Podría ser peor.
Podrías estar igual de jodida que estás ahora y, aún por encima, estar casada, obligada a limpiar calzoncillos y con un hijo o varios berreando y dando golpes al otro lado de la puerta porque necesitabas encerrarte en el baño para poder llorar con algo de intimidad sin hacer mucho ruido para pasar el mal trago del momento, dejando a un lado tu escasa dignidad y moqueando en silencio.
Sin embargo, no estás en esa línea temporal.
Estás en ésta, donde has sido sabia y has tomado buenas e inteligentes decisiones en la vida. Decisiones que hacen que todos te miren como si no hubieras conseguido nada y lo hubieras hecho todo mal y fuera del camino.
Decisiones conscientes y premeditadas que han hecho que en este plano existencial vivas sola, porque no has sido ni quieres ser madre, ni necesitas a ningún hombre ni a nadie para nada, en tu piso limpio y ordenado, libre para llorar a todo pulmón en mitad de tu salón lleno de velas mientras suena a todo volumen death-metal por los altavoces con un buen café en las manos si te da la bendita gana.
Así que, sí. Está bien, de acuerdo.
Todo es horrible, tu vida es trágica y respirar a veces
puede resultar devastador.
Pero podría ser peor.
Muchísimo, muchísimo peor.
Y, visto así, no lo has hecho tan mal.
Joder. No lo he hecho tan mal.
