Te levantaste una mañana
y compraste una pistola.
Nadie te explicó nunca nada
sobre el bien o el mal.
¡Eh! tienes que arder
para poder brillar.
Te levantaste una mañana,
y lo habías perdido todo,
así que agarraste fuerte tu pistola
y te pusiste a caminar.
No queráis verme pasar*
para supuestamente acabar con sudores frios y temblores cuando toca activar el dedo índice.
ResponderEliminarVaya, te has convertido en una voz sin procedencia, resuenas fugazmente desde ningún blog propio, pero me alegra saber que sigues vivo por alguna parte.
ResponderEliminargracias, seguimos en la brecha.
EliminarSe necesitan hordas de personas armadas, sean pistolas, sean tolerancia en vez de armas, sean claveles en vez de balas. Un saludo.
ResponderEliminarO menos personas, que somos demasiados y sobramos muchos... saludos.
Eliminarte leo aunque no haga ruido
ResponderEliminarSaludos
El silencio nunca es desmerecido, saludos
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