Cuando Eris se presentó enfadada
en el banquete de la boda de Peleo y Tetis,
a la que no había sido invitada,
dejó caer una manzana dorada sobre la mesa
con la inscripción:
Para la más bella.
Aquello, por supuesto, desató el caos.
-Por algo ella era la diosa de la discordia.-
Yo nunca estuve de acuerdo
con el resultado final de aquella disputa.
Hubo juego sucio,
Afrodita nunca mereció ganar.
Podríamos decir
que la meritocracia y la justicia
no hicieron acto de presencia aquel día.
Cuando la gerente se presentó en el estudio,
enfadada porque los pantalones
que había comprado por internet
no le subían de las rodillas...
los lanzó sobre nosotras
como aquella maldita manzana.
No tenían la inscripción: "para la más bella".
Sino: "talla 34".
Que, si lo analizas,
en los tiempos cínicos que corren...
En fin.
Yo soy la más alta de todas.
Con mi metro setenta y cuatro,
ni siquiera me planteé entrar en el juego.
Mis compañeras son llaveritos,
mujeres en miniatura.
Me dan envidia, ser alta es una mierda.
Es fácil pensar
que si le sacas dos cabezas a alguien,
seguramente también estarás
unos diez o veinte kilos por encima.
¿No?
En mi cabeza funciona así.
Yo soy grande y grotesca,
mientras que ellas son
pequeñitas y adorables.
Y ya está, lo tengo asumido.
No puedo hacer más que vivir con ello.
Por eso me sorprendió
cuando los pantalones llegaron a mis manos
después de que, como el puto zapato de cristal,
todas intentaran ponérselos sin conseguirlo.
Incluso me sentí atacada.
El pensamiento que cruzó mi mente fue:
¿En serio? ¿Me estás puto vacilando?
Si no les habían entrado a ninguna de ellas,
pasárselos a la más grande/alta/gorda...
no puede ser más que un intento de burla.
Me sentí de vuelta en el instituto.
Hasta me dolió el estómago.
Ríete de mí, no hay problema.
Pero al menos sé lo suficientemente elegante
como para no hacerlo de manera tan obvia.
Y si no, hazlo a mis espaldas.
Pues vaya, no era coña.
No se estaban burlando de mí.
De verdad soy la única que cabe
en los putos pantalones de la discordia.
Puede que ahora mismo parezca
que estoy presumiendo y que siento orgullo.
Pero nada más lejos de la realidad.
Estoy en plena disonancia cognitiva.
No entiendo el bug en la Mátrix.
Ha sido un aviso estridente
de que mi realidad no está sincronizada
con la realidad objetiva.
Lo que yo veo y percibo
nada tiene que ver
con lo que los demás
están viendo y percibiendo.
Lo que tengo delante
no es más que un puto espejismo
vívido como un jodido infierno,
del que no sé cómo escapar.
Y tal vez,
a estas alturas
ya no haya escapatoria.
Ser consciente de que tu realidad está alterada
no hace que la distorsión desaparezca.
Estoy jodidamente atrapada.