Hay algo que nadie te cuenta
sobre el momento crítico
en que te plantas y dices:
BASTA.
Y es que,
antes de llegar a eso
te destruyes por dentro completamente.
Tocar fondo es, de hecho,
un requisito imprescindible
para llegar a ese punto.
No ves la salida.
No hay ninguna luz
en mitad de esa jodida oscuridad
que te está devorando.
Y ya sólo eres tristeza y rabia.
Porque sabes
que vas a perderlo todo
por haberte traicionado
durante tanto tiempo.
Y ya no te queda nada.
Pasas años tratando de encajar
en un molde que no es el tuyo.
Persiguiendo metas
que no son las que quieres.
Cargando expectativas
que no te dejan respirar.
Y un día,
sin tenerlo planeado,
sin verlo venir,
el mundo se te viene encima
y dices:
SE ACABÓ.
No es valiente.
Es desesperado.
De la peor manera.
Pero sucede algo importante:
de repente, por primera vez,
sentirte culpable
te ayuda a avanzar.
Te muestra que algo tiene que cambiar.
Y cuando dejas de fingir ser
lo que otros esperan de tí
es cuando puedes realmente
empezar a ser
quien de verdad eres.
Le pese a quien le pese.