Hablemos de lo que le pasa a una persona
que ha sido emocionalmente ignorada
toda su vida:
Su cuerpo no grita, se tensa.
No explota, se insensibiliza.
No pide ayuda, lo aguanta y, en silencio,
le guarda rencor a todos por permitirlo.
Su sistema nervioso aprendió una regla:
No necesito.
No quiero.
No espero.
Asi que ahora,
descansar se siente inseguro.
La alegría se siente sospechosa.
El amor se siente condicional.
Y cuando su cuerpo por fin dice:
Ya no puedo con esto.
Todos se sorprenden.
Porque se veía bien.
No.
No estaba bien.
Era invisible, cabrón.
Y aquí está la mierda:
Tu cuerpo no te está traicionando.
Te está diciendo la verdad.