Te has convertido
en el ruido de fondo de mi cabeza.
Y este puto teléfono,
en el campo de batalla.
Cada notificación tuya es
una tregua de cinco minutos
en una guerra de 24 horas.
Es la dosis que me calma y a la vez
la que me recuerda que soy una adicta
a tu intermitencia.
Eres la paz que llega
y la ansiedad que la precede.
El antídoto y el veneno
en un mismo frasco.
Y hay una parte de mí,
la que todavía no has conseguido demoler,
que sabe que valgo más que eso.
Que merezco más
que ser la duda de alguien.
Así que he soltado el teléfono.
He dejado de luchar.
Me voy a sentar y a esperar,
pero no a que vengas.
Voy a esperar a que me entren las ganas,
de una puta vez,
de echar la llave por dentro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
escupe.