Cuando te preguntas durante años
qué demonios hay mal en tí
acabas desarrollando un diálogo interno
que te acaba arrojando todo un surtido
de posibles respuestas.
Pero un diagnóstico
no es una cura.
No obstante, sirve al menos
para hacerse a la idea de que
no tengo arreglo.
La mayor parte del tiempo voy en automático,
pero cuando me pongo a analizar las cosas
me desconecto emocionalmente por completo.
Me desconecto de la vida.
Como si me saliese del personaje
en esta gran función de teatro cósmica
porque el atrezzo es demasiado burdo
y simplemente no puedo seguir fingiendo
que no soy consciente de lo falso que es todo.
¿Entiendes?
Me saca de rol.
Y el problema es que en ese punto
no puedes obviar el hecho
de que la vida no tiene puto sentido.
No hay un público
que aplauda o abuchee
cuando baje el telón.
Ni hay motor que me impulse hacia delante,
porque en esos momentos me doy cuenta
de que no es que quiera morir,
es que no quiero vivir.
...y hay una importante diferencia.
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