Esa sensación
después de haber dedicado
treinta o cuarenta horas seguidas a algo,
dejando a un lado todo lo demás.
Poniendo en ello todo tu jodido esfuerzo,
tus putos conocimientos,
tu maldita experiencia.
Derrochando obsesión.
Entonces lo acabas.
Das unos pasos hacia atrás.
Lo observas de lejos...
Y sólo quieres destruirlo.
Prenderle fuego y quemar con ello
toda la frustración que te genera observarlo.
No te gusta.
Te da asco.
Es insuficiente.
Aberrante.
La prueba física de lo que eres tú.
Nada.
Nada válido.
Un despojo inútil, incapaz.
Un fraude hasta para ti misma.
UNA.
MALDITA.
DECEPCIÓN.
Una destinada al cubo de la basura
desde el primer minuto.
Basura infrahumana
desbordada de autoexigencia
y repulsión.
Asco.
Asco.
Asco.
Asco infinito.
Cada minuto en que no me estoy suicidando
estoy perdiendo el tiempo.
¡Cuánta hipérbole! Por si te sirve de consuelo, lo que cuentas es de lo más normal en casi todos los artistas. Los mejores, como Kafka por ejemplo, dejaron escrito que a su muerte se deberían quemar sus obras.
ResponderEliminarSi, lo sé. Pero él era un genio con un muy probable síndrome del impostor, mientras que yo soy genuinamente mediocre. Tengamos presente esa pequeña pero ABISMAL diferencia hahhaha
EliminarEl tortuoso y oscuro abismo de la existencia
ResponderEliminarSaludos
Si... Especialmente si te dedicas a algo creativo. Acaba uno loco.
Eliminarlo siento, espero que descubras lo que realmente te compense. el arte es ingrato.
ResponderEliminarEl arte es lo único que nos diferencia de los animales.
Eliminar