Vosotros sois voces bastardas,
hijas de nadie sin cara ni edad.
Presencias tintineantes y fantasmagóricas
anidando entre los límites difusos
del pequeño y perturbador mundo
que creé hace ya más de una década.
Escucho vuestros susurros distorsionados,
incluso percibo los rastros sombríos
de las voces silenciosas
que pasean en la periferia
y observan calladas.
-Nunca entendí muy bien.-
Sospecho que es jodidamente nutritivo
el morbo que produce presenciar
"el crepúsculo de los dioses".
-Eso sí puedo entenderlo.-
Sin embargo, con el tiempo,
he aprendido a apreciar
el micromurmullo constante
de vuestras alas de luciérnaga,
revoloteando e iluminando
este oscuro lugar
con vuestras pequeñas luces.
Quizá habéis hecho una apuesta
para ver cuánto aguanto
sin pegarme un tiro.
-Es lo que habría hecho yo.-
No hay problema,
pero dejadme participar,
porque yo tampoco tengo ni idea
de cuándo putas será.