jueves, 23 de julio de 2026

La realidad no tiene compasión 
a la hora de reírse de ti 
cuando estás siendo ridícula. 

Y además es infalible.

Simplemente pone bajos tus pies
un maldito océano entero
cuando es necesario recordarte que
eso en lo que te estabas ahogando hace un rato,
no era más que un miserable charco. 

miércoles, 8 de julio de 2026

Hablemos de lo que le pasa a una persona 
que ha sido emocionalmente ignorada 
toda su vida:

Su cuerpo no grita, se tensa. 
No explota, se insensibiliza. 
No pide ayuda, lo aguanta y, en silencio, 
le guarda rencor a todos por permitirlo. 

Su sistema nervioso aprendió una regla: 

No necesito. 
No quiero. 
No espero. 

Asi que ahora, 
descansar se siente inseguro. 
La alegría se siente sospechosa. 
El amor se siente condicional. 

Y cuando su cuerpo por fin dice: 

Ya no puedo con esto. 

Todos se sorprenden. 
Porque se veía bien. 

No. 

No estaba bien. 

Era invisible, cabrón. 

Y aquí está la mierda: 

Tu cuerpo no te está traicionando. 

Te está diciendo la verdad. 



martes, 23 de junio de 2026

 

Razón n° 2.627.824.365

por la que odio a la humanidad:



miércoles, 27 de mayo de 2026

 ADVERTENCIA:

Tu supresor de apoyo emocional 
ha alcanzado la capacidad máxima. 

Continuar diciendo "estoy bien"
puede causar corrupción de datos,
llanto repentino o apagado del sistema.


Por favor, guarda tu progreso 
y descansa de inmediato. 









jueves, 9 de abril de 2026


*Sin vistas al futuro
porque no hay un futuro.
Sólo puedo intentar 
sobrevivir al presente.*




jueves, 19 de febrero de 2026

 Si un golpe
puede borrar tu personalidad,
tus recuerdos y tu forma de amar,
entonces, ¿dónde reside el alma?

Nietzsche ya sospechaba 
que no había un "yo" sólido,
sólo capas de impulsos,
memoria y química 
organizándose para sobrevivir.

El alma no era una esencia;
era una interpretación bonita
de procesos brutales. 

Sartre fue más lejos y profundizó 
en que no existe una naturaleza 
que nos sostenga:
somos lo que ocurre, 
momento a momento. 

Si cambian las condiciones 
-el cuerpo, la mente, el entorno-
cambia el "yo".
No hay un núcleo intocable.

Pero donde se vuelve terrorífico de verdad
es con Camus y la experiencia real:
Accidentes que vuelven a una madre
extraña para sus hijos. 
Personas que despiertan de un coma
sin reconocer a quien aman.
Hombres pacíficos que tras un daño cerebral,
se vuelven violentos. 

No se perdió el alma.
Se alteró tejido. 

Y con eso, todo cambió.

La memoria no está en el cielo.
Está en neuronas. 
La personalidad no es eterna,
es un patrón frágil.
El amor no vive en otro plano,
depende de circuitos que pueden romperse.

Si el alma fuera algo separado, intacto,
debería permanecer igual 
cuando el cerebro se daña.

Pero no lo hace.

Lo que desaparece no es sólo el recuerdo,
desaparece la persona.
Lo que nos deja una posibilidad incómoda:
Nunca hubo un "yo" profundo e inalterable.
Sólo un fenómeno temporal 
sostenido por carne. 

Como una llama 
cuando se queda sin oxígeno.
No muere algo invisible;
se apaga una reacción. 

Lo que somos
depende de hilos biológicos. 
No existe el alma. 



martes, 17 de febrero de 2026

Hay un sufrimiento peculiar 
que viene con la consciencia. 
Una especie de exilio que ocurre 
no cuando dejas el mundo,
sino cuando empiezas a verlo de verdad.

Te sientas a ver una película 
que a todos les encanta,
y en cuestión de minutos
estás analizando las tácticas de manipulación,
la propaganda, 
las fórmulas agotadas. 

Estás en una fiesta,
y en lugar de disfrutar del momento,
estás observando las actuaciones sociales,
las máscaras, 
la necesidad desesperada de validación 
en cada conversación.

Solías disfrutar de estas cosas.

Recuerdas cuando una película 
era sólo una película. 
Cuando la charla trivial era cómoda.
Cuando podías perderte en el momento
sin que tu mente diseccionara cada capa
de lo que realmente estaba sucediendo. 

Pero algo cambió:
te despertaste. 
Y ahora,
no puedes volver a dormir. 

La pérdida de los placeres simples 
es una de las consecuencias 
más dolorosas de la consciencia.

No se trata de ser cínico o superior.
Se trata del dolor genuino que se produce 
cuando la consciencia despoja 
de la capacidad del disfrute inocente. 

Alan Watts observó una vez 
que el precio de la consciencia 
es la pérdida de la inconsciencia. 

Y con esa pérdida viene algo
de lo que la mayoría de gente nunca habla:
No puedes disfrutar de las cosas como antes.

Piensa en un niño viendo 
un espectáculo de magia;
sus ojos se iluminan con maravilla,
creen completamente en la magia. 

Ahora piensa en ti
viendo ese mismo espectáculo:
ves el juego de manos,
reconoces el despiste, 
aprecias la habilidad, tal vez. 
Pero la magia se ha ido.

Esto es lo que pasa 
a las personas conscientes 
con casi todo en la vida. 

No puedes ver las noticias 
sin ver la agenda detrás de cada historia.

No puedes desplazarte por las redes sociales 
sin reconocer la actuación, 
los aspectos más destacados 
cuidadosamente cuidados,
la necesidad desesperada 
de validación externa. 

No puedes asistir a reuniones sociales
sin sentir el peso 
de todas las verdades tácitas,
las mentiras educadas,
las conexiones superficiales 
que todos fingen que son significativas. 

El velo se ha levantado.

Y te quedas de pie en un mundo
donde todos los demás todavía ven magia
mientras tú solo ves la mecánica.

Esto crea una profunda soledad.
No la soledad de estar físicamente sólo,
sino la soledad de estar despierto 
en un mundo que duerme. 

Estás rodeado de gente,
pero te sientes completamente aislado
porque estás experimentado 
una realidad diferente
a la de todos los que te rodean. 

Están inmersos en la película.
Tú eres a la vez la película 
y el público que la mira. 

Están bailando.
Tú estás observando el baile 
y preguntándote por qué todos 
acordaron fingir que eso importa. 

Y eso es lo que hace 
que ésto sea particularmente doloroso:
No puedes explicarle ésto a la gente
sin sonar arrogante o deprimido.

Si intentas compartir lo que ves, 
te conviertes en el problema.

Tú eres el que arruina la diversión.
Eres demasiado negativo.
Demasiado crítico.
Demasiado intenso. 

Así que aprendes a quedarte callado.
A asentir. 
A fingir que disfrutas 
mientras no sientes nada más 
que una consciencia hueca 
de la actuación en sí. 

Watts hablaba a menudo de la naturaleza 
del juego que todos estamos jugando; 
sugirió que la vida es una gran obra
y todos somos actores que hemos olvidado 
que estamos actuando. 

La tragedia de la consciencia es que
recuerdas que estás en una obra de teatro,
mientras que todos los demás 
permanecen felizmente inmersos en sus roles.

Ves el escenario, los accesorios,
los guiones que todos siguen.
Y una vez que lo ves,
no puedes dejar de verlo. 

Seamos específicos sobre lo que has perdido:
Has perdido la capacidad de ver televisión 
sin ver la programación.
Cada comercial 
es una manipulación transparente.
Cada programa sigue fórmulas predecibles,
diseñadas para mantenerte pasivo 
y consumidor.

Has perdido la capacidad de participar 
en una conversación informal
sin escuchar el subtexto,
las inseguridades,
el ego defendiéndose en cada declaración.

Has perdido la capacidad de celebrar fiestas
sin reconocer la maquinaria comercial 
que lo conduce todo. 

Has perdido la capacidad de sentir
una emoción genuina 
por los logros que la sociedad 
te dice que importan,
porque has visto la naturaleza arbitraria 
de esas medidas. 

Has perdido la capacidad 
de creer en las historias 
en las que todos los demás creen:

La historia de que trabajar duro 
garantiza el éxito.
La historia de que seguir las reglas
conduce a la felicidad. 
La historia de que el amor romántico 
resuelve la soledad. 
La historia de que comprar cosas
llena el vacío.
La historia de que el estatus y el reconocimiento 
proporcionan una realización duradera

Estas narrativas que mantienen motivada 
a la mayoría de la gente,
se han vuelto transparentes para ti. 

Y sin ellas, 
te quedas preguntándote 
cuál es el punto. 

Aquí es donde muchas personas conscientes 
se atascan. 
Oscilan entre dos posiciones dolorosas:
O se obligan a participar en cosas 
que ya no encuentran significativas,
usando una máscara de entusiasmo 
mientras mueren por dentro...
O se retiran por completo,
se aíslan y se amargan.
No pueden conectar con nadie 
porque nadie más parece ver lo que ven. 

Ambas posiciones son agotadoras.
Ambas son formas de sufrimiento.

Pero esto es lo que Watts entendió 
que la mayoría de la gente extraña:
El problema no es que te hayas vuelto consciente.
El problema es que estás usando tu consciencia 
como arma contra la vida,
en lugar de como una herramienta 
para una participación más profunda.

Estás de pie a distancia,
analizando y juzgando, 
en lugar de reconocer 
que tu consciencia misma
es parte de la obra.

Maldito Watts. 




jueves, 5 de febrero de 2026

Cuando te preguntas durante años
qué demonios hay mal en tí 
acabas desarrollando un diálogo interno
que te acaba arrojando todo un surtido
de posibles respuestas.

Pero un diagnóstico 
no es una cura.

No obstante, sirve al menos
para hacerse a la idea de que 
no tengo arreglo.

La mayor parte del tiempo voy en automático,
pero cuando me pongo a analizar las cosas
me desconecto emocionalmente por completo.

Me desconecto de la vida. 

Como si me saliese del personaje
en esta gran función de teatro cósmica 
porque el atrezzo es demasiado burdo
y simplemente no puedo seguir fingiendo
que no soy consciente de lo falso que es todo.

¿Entiendes?
Me saca de rol.

Y el problema es que en ese punto
no puedes obviar el hecho 
de que la vida no tiene puto sentido.

No hay un público 
que aplauda o abuchee
cuando baje el telón.

Ni hay motor que me impulse hacia delante,
porque en esos momentos me doy cuenta
de que no es que quiera morir,
es que no quiero vivir.

...y hay una importante diferencia.





miércoles, 4 de febrero de 2026

domingo, 25 de enero de 2026

 Intenté no tomar café por una semana
y esto aprendí de mí:

– Soy violenta.
– No soy amigable.
– A veces muerdo.
– No lo haré otra vez.

jueves, 22 de enero de 2026

 Si la naturaleza de uno es un problema 
en vez de ser una problemática de la hostia,
es que lo ves todo en términos 
de victoria o muerte.

Y no sólo de victoria, sino de victoria total.
O triunfas o da igual. 
Lo único que merece la pena es lo imposible.
Todo lo demás es puto gris. 

Naces con el valor de un soldado
y la comprensión de un ángel,
por así decirlo,
pero no tiene ninguna puta utilidad. 

¿Dónde está la utilidad?
Estás hecho para ser filósofo o rey,
o el puto Shakespeare...
¿y ésto es lo que te dan?
¿Ésto? 

Yo quiero cosas ilimitadas 
o lo quiero todo.

Quiero un puto amor de verdad,
una puta casa de verdad,
una puta cosa de verdad que hacer 
todos los putos días...

...y prefiero morir si no lo consigo.


lunes, 19 de enero de 2026

Las frases de las pantallas de carga de este juego
me destruyen el cerebro. 
 






 

 

sábado, 17 de enero de 2026


Presente: 
Me gusta estar a mi bola con los cascos,
sin que nadie me moleste. 
Pasado:
Hoy en el cole he comido sola,
porque nadie quería estar conmigo.


Presente:
No me siento cómoda contando cosas mías.
Pasado:
Mamá y papá están muy ocupados 
y nadie me escucha.


Presente:
No me gusta que me regalen cosas.
Pasado:
Mis padres me han dicho
que ahora no se puede.


Presente:
Las palabras no me valen, demuéstramelo.
Pasado:
Me prometiste que lo harías.


Presente:
No voy a forzar a nadie a estar conmigo.
Pasado:
Porfa no te vayas, no me dejes sola.


Presente:
Ya no soy igual que antes.
Pasado:
Joder qué pesada eres.


Presente:
No quiero tener amig@s, eso no existe.
Pasado:
Mis mejores amigas han hecho un grupo
para quedar sin mí. 


Presente:
No socializo con nadie.
Pasado:
Cada vez que soy yo misma
se alejan de mí y me critican.







jueves, 15 de enero de 2026

Te has convertido 
en el ruido de fondo de mi cabeza.
Y este puto teléfono,
en el campo de batalla.

Cada notificación tuya es
una tregua de cinco minutos
en una guerra de 24 horas.

Es la dosis que me calma y a la vez
la que me recuerda que soy una adicta
a tu intermitencia. 

Eres la paz que llega 
y la ansiedad que la precede. 
El antídoto y el veneno
en un mismo frasco. 

Y hay una parte de mí,
la que todavía no has conseguido demoler,
que sabe que valgo más que eso.
Que merezco más 
que ser la duda de alguien.

Así que he soltado el teléfono. 
He dejado de luchar.

Me voy a sentar y a esperar,
pero no a que vengas.
Voy a esperar a que me entren las ganas,
de una puta vez,
de echar la llave por dentro. 


viernes, 9 de enero de 2026

Últimamente mi juego favorito es adivinar
si mi dolor de estómago se debe a:

A) Sorprender a mi metabolismo 
con 3000 kcal de golpe.

B) ANSIEDAD

C) La cantidad nociva de cafeína 
que consumo.

D) Otros doce hábitos autodestructivos.

E) Mi estómago anunciando 
su última cena. 




miércoles, 7 de enero de 2026

Nunca sabrás quién soy en realidad
porque la profundidad de mi existencia 
excede el límite de tu comprensión.

Por el bien de tu salud mental,
no intentes entender el por qué de todo. 






domingo, 4 de enero de 2026


Tu intuición te hablará en declaraciones.
Tu ansiedad te hablará en preguntas. 

Sólo algo para recordar
la próxima vez que tu cerebro
haga lo del cerebro. 

Ya sabes. 






martes, 30 de diciembre de 2025

 La autodestrucción 
–la verdadera autodestrucción–
requiere de soledad.

Si no, es sólo un grito de ayuda. 

Son momentos íntimos 
en los que te miras a tí mismo a los ojos. 
Y te ves de verdad, 
de la forma en que nunca nadie te ha visto.
Esa parte de ti que nadie conoce,
a veces ni siquiera tú mismo. 

Son momentos de claridad desgarradora. 

Esta noche hay luna llena
y todas mis malditas voces saben
que estoy agarrando el lápiz 
para no agarrar la cuchilla. 

Pero la existencia se me ha quedado pequeña
y necesito romperme las costuras una vez más 
para hacerme espacio. 

No soporto lo que soy.
Necesito destruírme para poder reconstruirme.
Purgar y sangrar esta versión obsoleta de mí,
que ha colapsado. 

La vida se me hace bola y no consigo tragar. 
Me estoy puto asfixiando desde hace años.
 





sábado, 20 de diciembre de 2025

 Es como si no pudiera ser
un ser completo y absoluto por mí misma.
Como si fuera sólo la mitad de algo,
no sé el qué.

Sin darme cuenta siempre estoy
intentando adaptarme a lo que me rodea.
Como si tuviese tan asimilado 
que mi vacío es tan imposible de llenar
que asumo que sólo sirvo 
para llenar el de otros. 

Los otros son puzzles 
a los que les faltan piezas.
Yo sólo soy una pieza
que no encaja en ningún puzzle. 

Quiero ser mi propio puzzle completo.
Algo entero por sí mismo.

Tengo que luchar contra mi impulso
de ponerme siempre en último lugar.
Luchar a mi favor.
Averiguar cómo.



miércoles, 3 de diciembre de 2025

 Al final me he echado a llorar 
delante de él. 

Era lo último que quería, 
pero he acabado colapsando. 

- Ahhhg... lo que aparenta ser tan fuerte,
a menudo resulta ser tan delicado...-

Es que me dolía demasiado. 
Un dolor anómalo que no podía...
ubicar, localizar. 

Un dolor pesado 
que parecía flotar alrededor de todo mi cuerpo.

Un dolor que vibraba en mis oídos 
con un pitido constante... 
que parecía anunciar el fin
de alguna emisión de radio lejana
que llevaba años sonando en mi cerebro
sin que ni siquiera me hubiese dado cuenta. 

Un dolor paralizante que me secaba la boca 
y hacía temblar mis manos. 

Un dolor inexplicable. 
Incalculable. 
Inimaginable.


Dolor.
Dolor en estado puro.

Ha sido casi una obra maestra, 
lo reconozco.