Dejar de comer no es
un acto de superficialidad.
No dejas de comer porque pretendas
"ser guapa".
No.
Lo cierto es que dejas de comer
porque genera una falsa ilusión de
control.
Porque, seamos honestos,
no tienes el control
de absolutamente nada en tu vida.
Salvo de ésto.
Lo único que verdaderamente
puedes controlar al 100% es
la comida que comes,
la que vomitas
y las horas de ejercicio.
Además los frutos de tu esfuerzo
son visibles y medibles,
cosa muy escasa en esta vida.
Es algo que
te mantiene demasiado ocupada
como para pensar en mierdas
que no puedes controlar
y te arrastran lentamente al suicidio.
Es decir,
cuando llevas tres días sin comer,
tu cerebro desesperado no puede pensar
en nada que no sea
comida.
¿Entiendes?
Bloquea todo lo demás,
lo pasa a un segundo plano.
Es como hackear el sistema.
Porque es una necesidad primaria básica.
No tienes tiempo de pensar
en lo devastadoramente triste que estás,
cuando literalmente te mueres de hambre.
Así que, sí, tengo el control.
Y a mi cuerpo completamente
aterrorizado.
Veamos dónde está el límite.


