Suelo llorar de frustración a menudo.
Nadie lo sabe, porque nadie me ve hacerlo.
Es patético, lo sé.
Me avergüenzo de mí misma constantemente.
De hecho, me odio profundamente.
Cambiaría todo mi ser si pudiese.
Me resetearía por completo.
Es más, me aniquilaría cada día.
Siento como si tuviese una guerra por dentro,
y yo fuera sólo el campo de batalla.
No sé cómo explicarlo,
no concibo mi existencia.
Todo está mal en mi.
Todo.
Una máquina defectuosa
ensamblada a partir
de piezas sobrantes de otras máquinas.
Nada encaja,
es aberrante.
Y no existe cura para eso.
No es que puedas cambiar la pieza que falla,
cuando es el conjunto de todas ellas
y cómo interactúan entre sí
lo que no funciona.
Admitámoslo,
no tiene arreglo.
No va a terminar.
Nunca parará por sí misma.
La guerra sólo clama
exterminio.













